La educación literaria en la postmodernidad: el valor de los clásicos en esta nueva era
Recientemente leí un texto para la universidad, este se titula Por una lectura de los clásicos en la adolescencia por Clara Ayuso Collantes (2020), en él plantea la autora cómo se podrían abordan los clásicos de la literatura universal en la educación, explica además el valor que tienen estas obras, argumenta el por qué leer los clásicos literarios. En resumidas cuentas, Ayuso apunta a que los clásicos son discursos que jamás pierden sus significados y que siempre se les pueden dar nuevas lecturas, ya que permanecen siempre generosos con sus lectores: un lector -siempre y cuando sea el adecuado- encontrará una nueva significación del clásico, ya sea que se acerque al Lazarillo de Tormes, a La Celestina o a El Quijote de la Mancha, por más que se haya estudiado, la obra tomará una nueva forma en su nuevo receptor con cada lectura.
Más allá de los interesantes planteamientos ofrecidos por la autora, hubo un pasaje que llamó profundamente mi atención, y es que era inevitable no prestársela, ya que escritora declaraba tajantemente y sin dejar espacio a ninguna duda, que uno de los mayores enemigos de los clásicos literarios son nada más y nada menos que los Cultural Studies (Estudios Culturales):
"Las dudas, o las voces que contra los clásicos se erigen, responden a la implantación del relativismo posmodernista, aprovechado en este caso por ideologías excluyentes de los que en las universidades norteamericanas, sobre todo, están librando una feroz batalla contra la cultura que denominan blanca, machista y de clase. Contra sus razones puramente ideológicas reaccionó Harold Bloom con la publicación de un libro tan contundente como polémico. En El canon occidental (1995) opone el criterio esteticista frente a los recelos e imposiciones ideológicas de los denominados cultural studies, de raigambre marxista."(Pág.6).
Es ante esta declaración que me he propuesto esclarecer -según mi propio punto de vista, obviamente- la relación existente entre la literatura clásica y los Cultural Studies nacidos tras el surgimiento del postmodernismo, todo esto claramente mediado por cómo ambos elementos -contrarios según el punto de vista de Clara Ayuso- se coordinan en la escuela y en la educación literaria.
La entrada se dividirá en varias partes, para comenzar abordaré algunos aspectos que creo que son particularmente importantes en la educación literaria: sus objetivos, el cambio de paradigma (enseñanza de la literatura -> educación literaria), ya que es el terreno en donde considero que los estudios postmodernistas y el estudio de los clásicos literarios se encuentran y enfrentan, espacios comunes de acceso más liberado que los contextos académicos, así como también algunas nociones generales respecto a la recepción de los textos literarios (en general) y algunas dimensiones que están presentes en este acto, por último abordaré algunos retos éticos que posee la educación literaria en los tiempos actuales.
Para partir es importante saber qué es la educación literaria, en una definición muy general se puede afirmar que esto no es solamente lo relacionado con la enseñanza de la historia de la literatura y de la lectura de clásicos literarios y obras consideradas canónicas, sino que está íntimamente relacionado con ámbitos tradicional e históricamente dejados de lado como lo son el contexto de recepción, el conocimiento de la cultura literaria, cómo abordar diversos tipos de géneros discursivos, delata además una profunda labor de autoconocimiento por parte de las y los estudiantes respecto a lo que a ellos les interesa y lo que les desmotiva en el momento de la lectura de una obra, ya sea literaria o no, todo esto con el objetivo de mediar los procesos personales y socioculturales en las aulas cada vez más diversas y complejas.
Sin embargo el concepto de educación literaria no siempre fue dominante en el mundo de la didáctica de la literatura, sino que se viene planteando recientemente, como se mencionó anteriormente este enfoque propone que el centro de las actividades debe ser el estudiante y propone además un trabajo de mediación entre la obra literaria y los estudiantes-lectores, mediación que debe llevar a cabo sí o sí los docentes especializados en las disciplinas de Lengua y Literatura.
Lo cierto es que esta nueva perspectiva se enfrenta aún con el concepto de enseñanza de la literatura, el que se prestaba mayor atención a la enseñanza de aspectos metodológicos (ej: memorización de tipos de figuras literarias), estudio de la historia de la literatura, a estructuras repetitivas (como lo son la enseñanza de la métrica en los poemas, las partes de una obra de teatro o las singularidades de un micro cuento respecto a otros discursos del género narrativo) por sobre dimensiones como la recepción de la obra y las críticas e impacto que pueda generar en los alumnos. Este tipo de enfoque se ha aplicado ampliamente por bastante tiempo y su aplicación está más relacionada con las facilidades para abordarlos más que por lo acorde que son a los tiempos actuales y a los cambios que han tenido las aulas a lo largo de la historia.
Claramente un cambio de paradigma tan profundo como este no ha quedado exento de discusiones y muchos críticos denuncian una falta de cuidado por la enseñanza de las formas y estructuras de los diversos tipos de discursos literarios, lo que a su punto de vista genera una sobre estimación de la opinión de los estudiantes sobre obras clásicas y canónicas que han sobrevivido incluso siglos a los embistes de los tiempos y la estética.
Por otra parte los partidarios de la educación literaria apuntan a que es prácticamente imposible apoyar la formación de buenos lectores, que sean capaces de llevar a cabo evaluaciones críticas de las obras, sin tener en cuenta la recepción que una misma obra pueda tener por sobre poblaciones, comunidades, grupos e individuos como estudiantes de literatura, ya que hay muchos factores que afectan la forma y el modo en el que los jóvenes –en realidad cualquier lector, no solo estudiantes de enseñanza básica o media- se enfrentan a los textos, y utilizo el verbo enfrentar de conscientemente, ya que muchas veces los estudiantes de los niveles secundarios “luchan” para acomodar sus lecturas a la percepción de las y los profesores.
Creo que hay algo que muchas veces en el calor de las presiones del sistema educativo se olvida, y es el hecho de que todos los estudiantes poseen distintas formas de ver y relacionarse con el mundo, de hecho estos modos de relación son dinámicos, cambian todos los días y a cada momento, y son estas cosas las que influyen en la interpretación y recepción de obras literarias, el estado de ánimo, las categorías socioculturales de género, raza, religión, territorio, edad, clase, lengua, entre otras, así como también los sistemas de valores y ética son claves a la hora de relacionarse con los textos, y son más claves aun cuando se trata del primer acercamiento de la persona con la obra.
Recordemos nuevamente que los estudiantes son personas, y las comunidades e individuos tienen la particularidad de ser especialmente complejos y diversos, por ejemplo, un grupo de humanos pueden compartir características y similares e incluso compartir el mismo sistema de valores, pero aun así existirán diferencias en las interpretaciones de estos, muchas personas tendrán múltiples puntos de vista respecto a un mismo tema, por ejemplo, a algunos alumnos de un curso pueden gustar mucho de los cómics y a otros pueden disgustarles, pero cada cual tendrán sus propias preferencias y reticencias.
Sumado a los hechos de la diversidad de creencias, culturas y gustos que las aulas poseen (sin hablar de los establecimientos educativos), se agrega el hecho de que es cada vez más urgente incluir las culturas que conviven en las salas de clase, al día de hoy es casi imperdonable ignorar la riqueza cultural que las y los estudiantes traen consigo desde sus círculos íntimos y comunidades. Hoy en día no conviven solamente los estudiantes de un mismo barrio en los cursos, sino que es un hecho de que la creciente población de migrantes, la movilidad de familias entre las regiones de nuestro país y la revalorización de las culturas de los pueblos originarios ha traído a la luz que es grave creer que los estudiantes conforman una masa homogénea de seres humanos con mismos intereses y características.
Es ante esta cada vez más pujante preocupación en la que los Cultural Studies han apoyado estas nuevas iniciativas en las que se ha abogado por la representación de diversos colectivos que hasta no mucho tiempo atrás estaban subrepresentados y que al día de hoy aún tienen que hacerse un espacio para aparecer en algo tan simple como los libros de textos. Este apoyo que se ha brindado ha dejado claro que cada día que pasa es vital para establecer espacios de representación de todas las comunidades, de las minorías y de aquellos que han permanecido históricamente en los márgenes de las sociedades.
Claramente estas acciones han cobrado algunos choques entre distintos puntos de vista, tal como lo representó Clara Ayuso, ahora mismo hay opiniones divergentes en el campo de la educación literaria, algunas de las preguntas más comunes giran en torno a qué obra leer, cuándo leerla, cómo lograr mayor representación, cómo incluir la diversidad cultural, finalmente todas apuntan a una misma dirección: cómo abordar la educación y la literatura en una sociedad que cada día se abre más a la diversidad.
Tal como lo mencionó Ayuso, ciertamente es impensable abandonar la lectura de los clásicos literarios, después de todo han aportado un importante valor a la cultura de nuestras sociedades y culturas actuales, pero aún así ella no tomó en cuenta algo muy importante, ninguna lectura es inocente y depurada de interpretaciones ideológicas, incluso su afirmación de que lo que ha asegurado la prevalencia de las obras clásicas ha sido su valor estético, es en parte debido a un sistema de valores propios de la autora. Siguiendo esta misma idea es bastante probable que las obras literarias que han sobrevivido a los embistes de los años e incluso de los siglos es porque no es porque solamente cuentan con un gran valor estético, sino que hay otras influencias externas que están más relacionadas con el contexto del autor.
Existe un terreno en el que tanto las obras consideradas como clásicos pueden relacionarse con las obras más actuales y que se relacionan aún más con la literatura postmodernista, este territorio es el canon escolar, esto es el conjunto de obras que se seleccionan para ser leídas en la escuela, las que son derechamente escogidas para ser estudiadas porque son dignas de tal honor, en algunos establecimientos son los profesores quienes determinan las obras que serán leídas a lo largo del año por los alumnos, en otros colegios y liceos son determinados por otras unidades administrativas, sin embargo se suelen entrever los grandes clásicos de la literatura universal, española y notables (y no tanto) obras de la literatura infantil y juvenil.
Sinceramente no creo que sea inadecuado darle una lectura de clase, género y raza a las obras que consideramos como clásicos universales indiscutibles, de hecho progresivamente se han ido acrecentando los estudios en los que estas nuevas visiones provenientes de los estudios culturales han brindado. Creo que en lo que a humanidades refiere, jamás son suficientes las opiniones y puntos de vista.
En una ocasión en un centro de prácticas conversando con una de las profesoras del departamento de lenguaje, comentó la dificultad que tenía para poder abordar las obras clásicas del siglo de oro español, en este caso estábamos hablando específicamente de La vida del Lazarillo de Tormes. Ella deseaba acercar la obra a sus estudiantes, quería que al leer el texto que relata la vida de Lázaro de Tormes, ellos pudieran disfrutar la lectura tal como ella lo había hecho en su época universitaria, su objetivo era que superaran las barreras del lenguaje para acceder del modo más completo posible a la obra, el problema era que dentro de las planificaciones que tenía, no había espacio para mediar la lectura con el curso.¿Cómo lograr entonces su objetivo? Es muy difícil acercar una obra perteneciente a este tipo de canon sin antes introducir algún tipo de mediación, y aunque el tema y el trasfondo de la obra podría haber sido de interés para los estudiantes del curso, es muy complejo que los estudiantes de tercero medio logren hacer una lectura completa de una obra sin la mediación de un docente.
Claro que más adelante una de las estudiantes del curso le preguntó por qué la obra carecía de mujeres en roles más protagónicos, o por qué Lázaro de Tormes no podía salir de la pobreza en la que había nacido. Quizás esas mismas preguntas se las hizo en algún momento otro alumno interesado en por qué su mundo y el mundo de la obra difieren tanto, ¿por qué los mundos literarios son tan distintos del mundo real? ¿por qué no ven representadas sus propias creencias? hay muchas preguntas y muchas respuestas para estas.
¿Pero cómo se enfrentan realmente los estudiantes a las obras de literatura clásica? En un mundo ideal el estudiante estaría magníficamente dispuesto para acercarse a una obra escrita hace ochocientos años, como en el caso del Cantar del Mío Cid, no tendrían problemas para comprender el desusado lenguaje que se usaba hace ocho siglos atrás, entenderían que es un poema épico que trata temas que en su momento fueron cruciales y que han marcado la historia de España (¿pero para qué leer sobre España? dijo alguna vez un compañero de curso).
Sin embargo hay algo que ha marcado bastante nuestros tiempos, y es lo que Martín Hopenhayn denominaría "la muerte del metarrelato", y es que muchas de las creencias que fueron pilares de la sociedad, comienzan a derrumbarse uno tras otro y comenzamos a andar en territorios desconocidos e inciertos. Desde la caída de estas bases se inicia un período de resignificación de lo anteriormente conocido, se entablan dudas y cuestionamientos en donde antes había silencio y aceptación ciega, casi dogmática. Los clásicos literarios son otro objeto de estudio, son como un antiguo reloj que una persona desarma, revisa sus piezas concienzudamente y luego lo vuelve a armar, a veces igual que antes, otras con piezas nuevas o con partes menos.
El ser humano es naturalmente curioso, creativo y crítico, y es por ello que siempre se van abriendo nuevos campos del conocimiento humano, se abren nuevas perspectivas de estudio en las ciencias, se plantean innovadoras formas de educar, de aprender y de jugar. Y es en este punto en el que me quiero detener, he visto en varias de mis prácticas que se evitan los clásicos de la literatura, se dejan de lado por el reto que significa abordarlos en las salas de clase, ya que el juicio de los profesores indica que los estudiantes no comprenderán la obra, no les gustará, no la leerán o bien porque no se sienten preparados para mediar los clásicos.
Sinceramente creo que ser docente va más allá de enseñar y mediar aprendizajes, realmente creo que hay una importante labor ética y moral en la conformación y reproducción de sistemas culturales e identitarios, ya que como profesores (en este caso de lengua y literatura) tenemos la posibilidad de acceder a conocimientos respecto a la literatura que muchas veces están reservados solamente para los espacios académicos, campos tradicionalmente cerrados y velados para las poblaciones humanas. Creo que el docente es como un puente, une los privilegios de la Academia y lo subestimado de las aulas de clases y los estudiantes.
Es el docente quien lleva a cabo los planes de educación literaria, y son las y los profesores novicios quien han accedido con mayor libertad a los Cultural Studies, son las creencias de estos los que pueden ayudar a formar nuevas generaciones de lectores cada vez más competentes y críticos.





¡Estoy muy de acuerdo con lo que publicaste! Y me parece un gran acierto que hayas querido opinar sobre el comentario que deja Clara Ayuso con respecto a los estudios culturales. En contraposición, Petit y Jover proponen un clásico que supere las fronteras nacionales y/o que estén basados en valores puramente nacionales o patrióticos. Muy completa reflexión...
ResponderBorrar¡Saludos!