Análisis de "La edad de Aquiles o la futilidad de la literatura"
Recientemente leí un texto de la universidad que corresponde a un capítulo de un libro en el que podemos encontrar varios autores que comparten sobre qué hacer con la literatura en el contexto de las aulas educativas, específicamente la lectura correspondía a La edad de Aquiles o la futilidad de la literatura, este capítulo está escrito por Juan Mata, académico español que se especializa en la didáctica de la lengua y la literatura y este texto de su autoría refiere a la enseñanza de la literatura.
En el texto Juan Mata cuestiona y coloca en duda la razón por la que se le brinda tanto énfasis a la enseñanza de la literatura, a la lectura obligatoria de clásicos en la escuela y la forma en que la educación literaria se ejerce, y es en estos tres ejes que el escrito va tomando forma, y genera además valiosas reflexiones en torno al ejercicio de la lectura y las ganancias que esta conlleva y el rol que tienen en esto los docentes.
En resumidas cuentas el texto aborda varios puntos bastante interesantes de tomar en cuenta. El autor parte el escrito con la formulación de la siguiente pregunta ¿Es la insatisfacción una marca universal y permanente de la enseñanza de la literatura? Tras este este inusual inicio el autor realiza un recorrido histórico en el que abarca casi 2000 años de cómo se ha establecido la formación de la enseñanza respecto a las humanidades y la literatura, partiendo desde el filósofo clásico Séneca, pasando más adelante por el poeta y filósofo medieval y precursor del humanismo Francesco Petrarca, hasta el español Francisco Giner de Ríos quien también durante la segunda mitad del siglo XIX criticó la forma en la que se implementó la enseñanza de las humanidades y de la literatura en su época. Claramente cada uno de los pensadores aporta un importante argumento para la apoyar la tesis de Mata, revisemos los aportes de cada uno por separado.
En primer lugar el texto presenta a Séneca, quien menciona funciones atribuibles a la literatura y las humanidades, que se puede resumir en el rol que tienen en el proceso del desarrollo de la perfección del ser humano e insta además a que cada lector sea quien genere sus propios juicios a partir de la lectura, y apremia a los individuos a que se enfoquen en leer textos de calidad y que se impregne de estos desde las ideas que lo ayuden a pensar y a ser crítico y todas las enseñanzas que adquiera las asocie y aplique a la vida. El filósofo clásico critica además a quienes fomenten un estudio de las humanidades enfocadas en nimiedades que dejan de lado lo que sería el centro de la enseñanza de las humanidades: responder a la necesidades humanas de cada época y alimentar la virtud y la libertad.
Más adelante Petrarca, al igual que Séneca, le atribuye un rol muy similar a la literatura, ya que la concibe como “un instrumento de perfección individual y proyección social”, por ello, según su planteamiento, cada persona que se dedique a la lectura y a la escritura debe apuntar hacia un mejor modo vivir y pensando siempre en lograr el mayor nivel posible de perfección humana, pero además acentúa que se debe ser cauteloso en no caer en la arrogancia y la soberbia a causa de los conocimientos adquiridos.
Por último, el autor revisa los postulados de Francisco Giner de los Ríos, quien critica la enseñanza de las humanidades y de la literatura en las escuelas, ya que a su parecer se enfocan en nimiedades y pormenores que poco y nada aportan a la enseñanza de las artes liberales, y afirma que la memorización de estas estructuras y detalles solo dificulta la interiorización de la razón y los sentimientos que estos estudios promueven y que son su primer objetivo.
Entonces cabe preguntarse nuevamente para qué leemos, ya sabemos lo que los tres filósofos responderían: para ser libres, para perfeccionarse, para proyectarse socialmente, para resaltar la razón y el sentimiento, aún así para muchos grandes pensadores más cercanos al positivismo y a la pedagogía científica creen que la lectura y la enseñanza de la literatura es perjudicial para el ser humano, ya que alimentan la irracionalidad, la exacerbación de las pasiones, además de que la literatura no se apega a la realidad, sino que la interpreta a partir de las emociones, lo que a su parecer le restaría validez.
¿Pero qué nos dice Mata? él manifiesta que la literatura es una expresión de las experiencias vitales de los seres humanos, de sus ilusiones y pesares, es una respuesta a la vida, señala que “la escritura literaria como sostén de la condición humana, como defensora de la causa del hombre y su destino, resultaría así una actividad primordial, imprescindible (...) Y lo que vale para la literatura de adultos vale igualmente para la literatura infantil y juvenil” (Mata, 2008). El académico nos ofrece además otros argumentos que sostienen el motivo de leer y la razón ante la insistencia de la enseñanza de la literatura, y es que esta tiene la capacidad de generar sensibilidad ante aquello que nos es ajeno y diferente, la literatura brinda la posibilidad de imaginar otras opciones del mundo, hace que los lectores tomen conciencia y enfrenten la realidad e incluso que la moldeen.
Promover la lectura de literatura podría llegar a considerarse un acción de reencuentro con las experiencias vitales propias y ajenas, un acercamiento a las formas de vida y los sentimientos y emociones de personas diferentes a nosotros, encontrarse con otras maneras de pensar la realidad, puede ser también un detonante en el autoconocimiento, teniendo todo esto en cuenta, la enseñanza de la literatura estando bien encaminada es un deber moral y ético, y que necesariamente debe abordar la escuela y el sistema educativo.
Ya sabemos que la enseñanza de la literatura históricamente ha caído en muchos errores, los que se han seguido repitiendo a lo largo de 2000 años, estos desaciertos le han restado valor e impacto a la literatura en la vida de los estudiantes, ya que se ha repletado su educación de nociones vanas y que poco tienen que ver con el propósito real de la literatura, pero también sabemos que hay acciones que aplicadas en las aulas, revaloriza y le brinda nuevos significados a cualquier obra, dependiendo claramente del contexto de recepción en el que esté inserta.
La didáctica de la literatura, es una disciplina compleja en varios sentidos, ya que leer es un acto privado: una persona lee para sí mismo, y las primeras impresiones e ideas que se generan tras la lectura son individuales y personales, pero la enseñanza de la literatura trae esta acción al ámbito social, ya que estas nociones se comparten y se socializan en el aula, algunas veces con docentes en el papel de moderadores, aunque esto no es obligatorio, ya que los estudiantes también comparten sus propias ideas respecto a las obras.
En mi experiencia muchas veces hay obras que los docentes escogen como lecturas mensuales obligatorias sin tener en cuenta los propios intereses y el contexto en el que están insertos los estudiantes, lo que hace que muchas veces la lectura sea percibida como una tarea impuesta sin ninguna razón aparente, arbitraria, carente de relevancia, y que en el caso de no responder de cierta forma puede ser penalizada con una mala calificación, estas acciones no hacen más que entorpecer la promoción de la lectura.
En todas las escuelas he visto que se repite la misma situación, sin mucha variación los errores se cometen una y otra vez, las lecturas se han quedado como una acción privada, una responsabilidad única y exclusiva del estudiante, sin mayor mediación del profesor, sin pasar por procesos de sociabilización y crítica, no se comparten las ideas ni las impresiones y apenas si se contextualizan las obras en el contexto de producción.
En este sentido, en mis prácticas intenté en una ocasión generar un espacio en el que con el grupo curso pudiéramos compartir sobre nuestras impresiones e ideas sobre Las chicas de alambre, para mi sorpresa, la misma profesora me explicó que los estudiantes no iban a comprender el objetivo de la classe, que lo más probable era que no iban a participar en una actividad que implica desarrollar el pensamiento crítico y que no me sorprendiera si la clase fracasaba, ya que los alumnos “no tenían la madurez suficiente para generar un juicio de valor y estético de la obra o para comprender el trasfondo de la novela”. El punto al que quiero llegar es que muchos docentes subestiman a sus estudiantes, lo que limita las actividades que se llevan a cabo en clases y empobreciendo todo tipo de procesos que se lleven a cabo en el aula. Felizmente el curso respondió positivamente a la clase: compartieron sus opiniones e ideas, todos participaron en clases e hicieron sus aportes, sin embargo solo fue una clase de tantas, ¿seguirán teniendo docentes que los subestimen?
¿Son entonces los docentes los responsables del éxito o del fracaso del ámbito lector de los estudiantes? Si y no, el profesorado tiene un rol fundamental en el desarrollo del gusto lector de los estudiantes, ya que puede propiciar que los alumnos lean literatura de calidad y que generen un pensamiento crítico respecto a esta, pero así mismo, los educadores con sus acciones pueden lograr que un grupo de jóvenes se desinteresen de la literatura.
En este espacio me pregunto qué haría yo: con la conciencia que he adquirido respecto a la disciplina que enseñaré en el futuro y a sabiendas de los errores que se han cometido y cómo encauzar la enseñanza de la literatura en las escuelas, puedo seguir las recomendaciones entregadas por Felipe Munitas respecto a la sociabilización de la lectura, podría ser bastante favorable generar espacios como los círculos de literatura, los debates en torno a las obras literarias, foros y otro tipo de espacios que inviten permanentemente a la discusión y a la crítica de obras, ya que después de todo, ninguna forma de leer es igual a otra y todas las personas tenemos distintas cosas para aportar a un análisis.



Excelente reflexión.
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